(1) Inicios de la arquitectura defensivo-militar de Menorca

Las obras defensivas en la isla de Menorca aparecen ya en los primeros tiempos de su historia.

No debe extrañarnos porque Menorca es el avanzado extremo N.E. de las Baleares, que apunta hacia las costas mediterráneas ribereñas de  la Europa occidental y Cerdeña. Cuando la navegación en el Mediterráneo se arriesga a abandonar las orillas y cruzar el mar, aprovechará la ruta que trazan las Baleares, sin duda dado que,  siguiendo sus orillas se acortan las rutas marítimas empleadas por los pueblos del levante mediterráneo en sus periplos comerciales mediterráneos, fenicios, púnicos , griegos, etc.

Nuestras islas habitadas por pueblos que empleaban la piedra para construir sus viviendas y monumentos megalíticos, han dejado los primeros ejemplos de ARQUITECTURA MILITAR, en nuestra isla que aún se conservan. Los” talaiots”, a modo de robustos torreones de grandes piedras constituían los núcleos defensivos de aquellos pueblos que vivían desde hace tres  mil años a. de C. en nuestra Menorca. El talaiot a su vez parece ser que era la vivienda del jefe de la tribu, y en su base y su alrededor vivían  sus súbditos, que subían a la parte superior con su jefe para la defensa, lanzando piedras a los atacantes. Los “honderos” fueron famosos en los ejércitos púnicos y romanos.

Algo más tarde que los talaiots, aparecen en la isla las murallas ciclópeas, de las que la de “Son Carlá” es la que se conserva en mejor estado.  Las primitivas tribus talaióticas, en un estadio mas avanzado de su desarrollo social se agrupan formando núcleos de mayor población, sin duda entre otras cosas, para construir aquellas obras defensivas, que empleaban numerosos operarios para transportar y elevar los monolitos, que empleaban en sus murallas.

Los muros ciclópeos encerraban las viviendas de los  pobladores, también de piedra, pero de menor tamaño. Los muros, se abrían  accesos adintelados de grandes piedras, y se reforzaban en sus esquinas con talaiots, que contribuían a su defensa. En el interior de estos pueblos amurallados existían los “recintos religiosos”, también rodeados de muros ciclópeos con pilares. Los muros por el interior presentaban hornacinas, para depositar en ellas los exvotos de los fieles. En el interior de los recintos religiosos un monumento ciclópeo, la “taula” formada por dos grandes piedras: una vertical, de sustentación, y otra horizontal para los sacrificios probablemente, evocan un altar monumental. Aún no se conocen las prácticas religiosas de aquellos pueblos, pero en la isla de Malta, al sur de Italia, existen monumentos que nos recuerdan los que se conservan en  Menorca.

Francisco Fornals
 
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