Fortalezas, Fuertes y Castillos

La necesidad de defender un territorio y su población siempre ha estado patente a lo largo de la historia de los pueblos de todo el mundo. Recordemos sino a las fortalezas mayas o incas, o a las griegas y musulmanas, por poner algunos ejemplos.

Como ya se ha dicho en este blog, Menorca tuvo un relevante papel por su posición estratégica en el Mediterráneo, lo que la hizo ser codiciada por muchos pueblos, naciones y civilizaciones. Soportó además, incursiones y ataques de turcos, piratas y corsarios, y estuvo bajo la soberanía de diferentes potencias.

Cada una de estas soberanías pretendía defender el sitio ocupado de las demás; para ello, tuvieron que defender sus puntos más estratégicos o vulnerables de ser atacados, utilizando construcciones fortificadas.

Si en un principio las torres, atalayas, murallas y bastiones fueron suficientes para repeler al enemigo, pronto, a la vez que mejoraron las técnicas de la artillería, estas defensas se quedaron obsoletas y fue necesaria la implantación de otro tipo de construcciones que soportaran mejor los impactos de las nuevas armas y que, además, fueran capaces de entrar en combate si era necesario.

Entrada al Hornabeque (Fortaleza de La Mola)

La utilización de la pólvora inutilizó totalmente todas las defensas que no disponían de artillería para poder entrar en combate o atacar a los asaltantes, lo que hizo que se construyeran nuevas edificaciones más acordes a las nuevas necesidades.

Se cambiaron almenas por baterías, cunetas por fosos, torres por bastiones, parapetos por cortinas, …. Los bastiones y revellines posibilitaban realizar un fuego cruzado; los muros defensivos se construyeron más bajos y anchos y eran construidos con materiales que absorbían mejor los impactos recibidos por los cañones, en definitiva, se cambió totalmente la estructura de este tipo de construcciones defensivas.

También se empleó el hormigón, que sólo se rompía donde el proyectil impactaba sin afectar al conjunto, al contrario de lo que ocurría con la mampostería de las construcciones anteriores.

Esta “nueva” arquitectura militar se propagó por toda la isla, pero se centró en la defensa de los lugares más susceptibles de ser atacados: sus puertos.

A mediados del siglo XVI se introducen estas nuevas técnicas de fortificación en Menorca con baluartes de la mano de ingenieros militares italianos al servicio del Rey Felipe II.

El Castillo de San Felipe es una de las primeras fortificaciones abaluartadas construidas en España, cuyos inicios datan de 1555.

En Menorca, además, debido a las sucesivas y diferentes dominaciones, principalmente, en el siglo XVIII, muchas de sus fortificaciones sufrieron importantes variaciones, incluso demoliciones  y nuevas reconstrucciones, añadido de baterías y/o de otros elementos defensivos, etc.

Su historia, por tanto, es compleja e interesante.

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